Hay una conversación que se repite en casi todas las empresas. Alguien de dirección dice que hay que prescindir de una persona. Alguien de Recursos Humanos dice que se puede hacer. Y se ejecuta como se ha ejecutado siempre, porque las veces anteriores no pasó nada.
Hasta que pasa. Y entonces la discusión ya no es sobre si la decisión era necesaria —normalmente lo era— sino sobre cómo se documentó, qué se comunicó, en qué orden y qué se puede demostrar.