«Creo que estamos haciendo las cosas bien.» Es la respuesta más frecuente y casi nunca es mentira. El problema es que «creo» y «sé» no son lo mismo cuando alguien reclama tres años después.
Las contingencias laborales rara vez son una infracción evidente. Suelen ser acumulación: un criterio que se aplicó una vez y se convirtió en costumbre, un documento que nadie firmó, un beneficio que se concedió sin encuadrarlo, una práctica heredada que nadie ha vuelto a revisar desde que la empresa era la mitad de grande.