Una empresa industrial no tiene los mismos problemas laborales que una oficina.
Tiene plantilla operativa, turnos, supervisores que deciden a pie de línea, terminaciones frecuentes y una exposición mucho mayor a que un conflicto individual se convierta en colectivo. Y tiene una particularidad que lo cambia todo: aquí un problema laboral se nota en la producción antes de que se note en un tribunal.