Una plantilla operativa numerosa. Turnos. Supervisores que toman decisiones a pie de línea sin consultar a nadie. Una cultura de trabajo donde las cosas se resuelven hablando y casi nada queda por escrito.
Funciona. Funciona la mayor parte del tiempo, y por eso se mantiene.
El riesgo no está en el conflicto grande y visible. Está en que cada una de esas decisiones cotidianas es una decisión laboral de la empresa, aunque la haya tomado un supervisor a las once de la noche sin saber que lo era.